lunes, 15 de mayo de 2017

Madrid se queda pequeño.


Como si se acabara el mundo las oleadas de turistas invaden todo. Cualquier festivo en Madrid capital es una avalancha de gente por todo el centro, y ni les cuento en las entradas a los museos, centros de arte y exposiciones, espectáculos diversos, infantiles o para mayores, los parques públicos están inundados de personas, las plazas llenas, tengan o no terrazas, y sean las plazas clásicas las grandes o las bonitas pequeñas.

Si el festivo es consecuencia de puentes, el desfile de miles de turistas por todas partes es apabullante, igual da que las playas estén llenas con ocupaciones del 95%, Madrid estará abarrotado, si el turismo de interior crece sea a ciudades, pueblos o casas rurales, la capital también será tomada por oleadas de turistas extranjeros y nacionales. Madrid siempre tuvo turismo, muy poco la verdad, ahora las rutas turísticas internacionales han tomado algunas ciudades, Barcelona y Madrid por ejemplo.

En Madrid son visibles los turistas sudamericanos, no son solamente los miles de latinos que viven por muchos barrios, ahora son notorios los ricos, las clases acomodadas, comprando por todas partes y gastando pasta en buenos comercios, bares y restaurantes. Por fin esta ciudad se ha convertido en el puente Europa-Latinoamérica.

También son visibles los orientales, por sus rasgos e idiomas, chinos y japoneses, vietnamitas y coreanos, igual que los rusos y de países del Este… Por supuesto además sumen los europeos de la UE, también británicos y tendrán un mapa incompleto de turismo madrileño, al que tendrán que añadir el turismo nacional, del que una parte muy importante es el turismo gay, aquel que viene a la capital a ver y ser visto en un clima de  mayor tolerancia que en las pequeñas ciudades.

Las oleadas turísticas actuales plantean una cuestión muy diferente a aquellos individuos citados, muchos de los anteriormente citados trabajan establemente en la ciudad, o habitan vacacional o jubiladamente en Madrid de forma permanente o en largas temporadas, bien en pisos de propiedad, alquilados o en hoteles. Las oleadas turísticas actuales pueden ser de los grupos citados o de otros distintos, pero el fenómeno parece instalarse en Madrid y Barcelona generando dinero y graves problemas.

Aparentemente el chorro de dinero que provoca esta invasión beneficia bastante a la ciudad. Aparentemente no a todos por igual y desde luego no todos son beneficios para una ciudad, las costuras estallan y los cambios que provocan son monumentales. El centro de Madrid se ha llenado de hoteles, buena falta hacían y de locales franquicias, en mala hora, porque los comercios de las calles cada día son más iguales y anodinos, han mejorado los bares, o mejor dicho los servicios, lavabos, que eran hasta hace muy poquito un espectáculo lamentable en cualquier punto del centro de Madrid.

Las ciudades mediterráneas, las ciudades europeas, fueron construyéndose poco a poco, decenas de años tardaban en acoplarse los nuevos edificios y caminos, las piezas ajustaban porque había tiempo para ello, por eso todo resultaba proporcionado. Ahora la invasión está rompiendo planificaciones de urbanismo, transporte y ocio provocan cambios inmediatos en lo planificado, las dotaciones culturales y deportivas se ven desbordadas en los centros ciudad, y lo peor hasta ahora, los centros de las ciudades se rompen, ayer con la gentrificación, hoy con la invasión turística. Las fotos publicadas reflejan las enormes colas multinacionales de primeros de mayor para ver a Picasso en el Reyna Sofía.

En Madrid  hace pocos años barrios céntricos fueron tomados por nuevos individuos que metían dinero y compraban pisos y comercios. Los modernizaban dando una nueva vida a aquello que estaba sucio, roto, abandonado… Desde hace pocos años si paseabas por aquellas calles seguro que en minutos podías cruzarte con los artistas de moda, y meterte en los locales de moda. La contrapartida era que la gente mayor que vivía en aquellas casas era desplazada, expulsaban a los viejos y a los pobres de aquellos barrios céntricos que eran ocupados por las nuevas cohortes jóvenes, gais, profesionales, artistas, intelectuales, gente de negocios,… que pagaban bajos precios por aquellos viejos pisos que rehabilitaban, cuyos precios tomaban una carrera alcista por ahora imparable, porque se ha sumado la nueva oleada del turismo.

A los repobladores del centro de Madrid, laterales de la Gran Vía, Malasaña, Hortaleza, Libertad… Lavapiés…, les está saliendo un fuerte competidor que amenaza con echarlos, son las oleadas turísticas que ocupan casas por uno o tres días pagando precios menores que en los hoteles pero muy superiores a los que puede pagar un trabajador que quiera alquilar un piso en esa zona céntrica. Los pisos suben de precio de tal forma que la escalada de precios vuelve a comenzar, quizás iniciando una nueva burbuja, sobre todo en Madrid y Barcelona, casas enteras son compradas por fondos de inversión que adaptan sus pisos para vivienda turística de la que pueden obtener buenos beneficios, lo cual está expulsando nuevamente a los pobladores del centro, que ya no son los viejitos, ahora están siendo los jóvenes y nuevos profesionales y artistas que iban asentándose en el centro.

Los problemas pueden imaginarlos. Esa ciudad no es la suya, ese barrio lo será solo por un rato, pero demandan servicios como si vivieran permanentemente, ensucian y desgastan más de lo habitual, porque mañana se irán, solo quieren clima, teatro, espectáculo, vino y cerveza baratos… parecido al turismo de bajo coste de juergas en algunos lugares de la costa.
A la orden de todos al centro, cualquier día Madrid en su zona central está invadido y si ese día es festivo o esa noche hay juerga la orden de invasión se mantiene. Somos seis millones de habitantes apretujados en un pequeño espacio, mientras los alrededores carecen de centros con atracción suficiente para descongestionar. El mismo esquema de planificación territorial que se da en España, se produce en Madrid. España está medio desierta y desaprovechada, salvo la costa y dos o tres islotes en el interior. Evidentemente esto que pasa es una insensatez, los recursos mejor distribuidos rendirían mucho más y para mas personas.






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